- Haz cambios pequeños. Un cambio con un propósito claro es más fácil de revisar, probar y revertir.
- Documenta cómo compilar y ejecutar el proyecto. Una preparación repetible ahorra tiempo cuando alguien se incorpora al equipo.
- Usa nombres que expliquen la intención. El nombre de un método debería aclarar su finalidad sin obligar a leer cada línea.
- Automatiza tareas repetitivas después de comprenderlas. Empieza por una tarea frecuente cuyo resultado puedas verificar.
- Prueba los límites: entradas vacías, permisos insuficientes, valores inválidos y dependencias no disponibles.
- Usa operaciones asíncronas cuando esperes archivos, bases de datos o la red. Mantén la interfaz disponible y muestra progreso cuando resulte útil.
- Incluye contexto en errores y registros, sin guardar contraseñas, tokens ni datos personales innecesarios.
- Mide antes de optimizar. Reproduce la operación lenta e identifica dónde se consume el tiempo.
- Mantén los secretos fuera del control de versiones. Utiliza el mecanismo de configuración adecuado para cada entorno.
- Termina con una entrega reproducible: registra la versión, los cambios y las comprobaciones superadas.