1. Haz cambios pequeños. Un cambio con un propósito claro es más fácil de revisar, probar y revertir.
  2. Documenta cómo compilar y ejecutar el proyecto. Una preparación repetible ahorra tiempo cuando alguien se incorpora al equipo.
  3. Usa nombres que expliquen la intención. El nombre de un método debería aclarar su finalidad sin obligar a leer cada línea.
  4. Automatiza tareas repetitivas después de comprenderlas. Empieza por una tarea frecuente cuyo resultado puedas verificar.
  5. Prueba los límites: entradas vacías, permisos insuficientes, valores inválidos y dependencias no disponibles.
  6. Usa operaciones asíncronas cuando esperes archivos, bases de datos o la red. Mantén la interfaz disponible y muestra progreso cuando resulte útil.
  7. Incluye contexto en errores y registros, sin guardar contraseñas, tokens ni datos personales innecesarios.
  8. Mide antes de optimizar. Reproduce la operación lenta e identifica dónde se consume el tiempo.
  9. Mantén los secretos fuera del control de versiones. Utiliza el mecanismo de configuración adecuado para cada entorno.
  10. Termina con una entrega reproducible: registra la versión, los cambios y las comprobaciones superadas.